Las causas pueden ser tan variopintas como: que a veces empezamos a ver más defectos que virtudes en la otra parte y no vemos un proyecto de futuro; otras veces, es la falta de implicación o la falta de responsabilidad: de esta forma, nos reclinamos demasiado en el otro y no ponemos nuestro pequeño granito de arena para aliviar el agobio de la otra parte; en ocasiones, puede ser también que solemos portar odios y rencillas de relaciones pasadas y las ponemos en práctica cuando algo no concuerda con nuestras expectativas; o quizás sea falta de autoestima la que nos termine debilitando. En cualquier caso, no podemos olvidarnos que nuestro pasado también nos puede haber originado un trauma – ya sea por maltrato físico o psicológico - o una carencia afectiva que nos logre superar y nos influya negativamente a la hora de mantener una relación duradera y armoniosa: así la desidia puede ser un síntoma característico a la hora de afrontar un percance en toda relación de pareja. Aunque, evidentemente, lo que vulgarmente se llama “ponerle los cuernos al otro” es una epidemia endémica muy característica de toda sociedad moderna que se precie de ello. En todo caso, los psicólogos han llegado a asegurar que dicha ruptura de vínculo de pareja es comparable con el concepto de pérdida, como factor patógeno, comparable a la muerte de un familiar cercano.
25 oct 2009
RUPTURAS
A veces se buscan las relaciones superficiales para “seguir siendo libres como el viento”, para no comprometerse con alguien. Al fin y al cabo, cada persona es un mundo, dentro de sí mismo y las exigencias son máximas en toda sociedad consumista, en la que el estrés es nuestro compañero inseparable y la cafeína ese edulcorante que nos visita día a día para seguir poniendo “un pasito pa’ alante y otro pasito pa’ atrás.” Pero cuando encontramos alguien que nos toca la fibra, en el momento adecuado y en el sitio propicio declaramos a los cuatro vientos que estamos enamorados y que tenemos pareja. De repente, surge una nube negra en el horizonte y tres minutos más tarde el cielo se encapota, empiezan los chubascos, las brisas se convierten en vientos huracanados y el futuro ya no se ve tan claro como antes: se vislumbra una ruptura en potencia y el mundo comienza a darnos vueltas sin parar. Digamos que nos alteramos emocionalmente… en términos coloquiales: “nos volvemos medio majaretas.”
Las causas pueden ser tan variopintas como: que a veces empezamos a ver más defectos que virtudes en la otra parte y no vemos un proyecto de futuro; otras veces, es la falta de implicación o la falta de responsabilidad: de esta forma, nos reclinamos demasiado en el otro y no ponemos nuestro pequeño granito de arena para aliviar el agobio de la otra parte; en ocasiones, puede ser también que solemos portar odios y rencillas de relaciones pasadas y las ponemos en práctica cuando algo no concuerda con nuestras expectativas; o quizás sea falta de autoestima la que nos termine debilitando. En cualquier caso, no podemos olvidarnos que nuestro pasado también nos puede haber originado un trauma – ya sea por maltrato físico o psicológico - o una carencia afectiva que nos logre superar y nos influya negativamente a la hora de mantener una relación duradera y armoniosa: así la desidia puede ser un síntoma característico a la hora de afrontar un percance en toda relación de pareja. Aunque, evidentemente, lo que vulgarmente se llama “ponerle los cuernos al otro” es una epidemia endémica muy característica de toda sociedad moderna que se precie de ello. En todo caso, los psicólogos han llegado a asegurar que dicha ruptura de vínculo de pareja es comparable con el concepto de pérdida, como factor patógeno, comparable a la muerte de un familiar cercano.
Las causas pueden ser tan variopintas como: que a veces empezamos a ver más defectos que virtudes en la otra parte y no vemos un proyecto de futuro; otras veces, es la falta de implicación o la falta de responsabilidad: de esta forma, nos reclinamos demasiado en el otro y no ponemos nuestro pequeño granito de arena para aliviar el agobio de la otra parte; en ocasiones, puede ser también que solemos portar odios y rencillas de relaciones pasadas y las ponemos en práctica cuando algo no concuerda con nuestras expectativas; o quizás sea falta de autoestima la que nos termine debilitando. En cualquier caso, no podemos olvidarnos que nuestro pasado también nos puede haber originado un trauma – ya sea por maltrato físico o psicológico - o una carencia afectiva que nos logre superar y nos influya negativamente a la hora de mantener una relación duradera y armoniosa: así la desidia puede ser un síntoma característico a la hora de afrontar un percance en toda relación de pareja. Aunque, evidentemente, lo que vulgarmente se llama “ponerle los cuernos al otro” es una epidemia endémica muy característica de toda sociedad moderna que se precie de ello. En todo caso, los psicólogos han llegado a asegurar que dicha ruptura de vínculo de pareja es comparable con el concepto de pérdida, como factor patógeno, comparable a la muerte de un familiar cercano.
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2 comentarios:
Ju! Impactante el segundo vídeo...
A veces no somos conscientes del daño que podemos hacer.
Un besitux!!!
Dios mio... la vena filósofica en acción (a nutrirse en vena de todas tus filosofadas!! me encanta)
Eso sí el segundo vídeo (aunque no lo he entendido mucho que digamos) impactante de cojones, solo con verlo se entiende más o menos el tema...
Chechux...
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